Viajar al Tíbet en invierno con poco equipaje
- 24 ene
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Actualizado: 8 feb

Hacer la maleta para este viaje fue, curiosamente, una de las más fáciles que he hecho. Lo más complicado no fue decidir qué llevar, sino cómo encajarlo todo, casi como un juego de Tetris. Al final viajé con una maleta de cabina y una mochila, y no pasé nada de frío.
El verdadero reto fue elegir ropa realmente caliente pero poco voluminosa. En el Tíbet, en diciembre, el frío es intenso y constante, y no hay margen para equivocarse.
Vestirse por capas: la clave
Durante el viaje llevaba puesto un chándal cómodo, una camiseta, unas Crocs para el trayecto y, por supuesto, calcetines de compresión.

Todo lo demás iba pensado para funcionar por capas.
La pieza más importante fue una chaqueta impermeable y bien aislante. Invertí en una de buena calidad y fue, sin duda, un acierto. Debajo, llevé pantalones de senderismo cálidos, junto con capas térmicas de lana merina (camiseta, leggings y calcetines). Con eso era suficiente incluso a primera hora de la mañana.
Completé el equipo con guantes térmicos, gorro y braga para el cuello. Añadí tres sudaderas finas, un pijama, ropa interior básica y unas botas de trekking calientes y flexibles, imprescindibles para caminar con comodidad.

Poca ropa, pero bien elegida
En la mochila llevaba solo lo esencial: neceser básico, cámara y cargadores, algunos snacks y una almohada cervical, que resultó muy útil en los trayectos largos.
La lección fue clara: menos ropa, pero mejor escogida. Gracias a eso, apenas tenía que quitarme capas durante el día y podía salir más, algo importante porque al anochecer la temperatura baja muchísimo y las excursiones empiezan muy temprano.
Protección solar: un detalle clave
Algo que no se puede pasar por alto es el sol en altura. Llevaba siempre conmigo gafas de sol, protector solar facial en stick y protector labial. La radiación es fuerte y constante; de hecho, en algunos hoteles incluso hay kits para la radiación.

¿Merece la pena la inversión?
Es un viaje caro para unos diez días, y la ropa supone un gasto importante, sobre todo si vives en un lugar donde apenas la volverás a usar. ¿Repetiría la experiencia? No. ¿Me arrepiento? En absoluto. Me encantó y la disfruté muchísimo.
Si algo aprendí es que, en destinos extremos, invertir en buen material marca la diferencia: viajé ligera, cómoda y sin pasar frío en ningún momento.
Prepararse bien para disfrutar sin prisas.
El destino visto desde otra mirada.
Esta lectura forma parte de la sección Viajes, donde hablamos de moverse por el mundo con calma y criterio.