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Hierbas medicinales tradición, bienestar y sentido común

  • 25 ene
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 8 feb


manos sosteniendo una taza de infusion natural relajante



Desde hace generaciones, las hierbas medicinales han formado parte de nuestra vida cotidiana. Una manzanilla después de comer, una tila para calmar los nervios o un jengibre cuando llega el frío son costumbres muy arraigadas, especialmente entre las personas mayores. Sin embargo, conviene recordar algo importante: natural no siempre significa inofensivo. Usadas con conocimiento, las hierbas pueden ser grandes aliadas del bienestar; usadas sin cuidado, pueden causar problemas.


Las infusiones más comunes y para qué sirven


Algunas hierbas destacan por su uso frecuente y por su eficacia suave:


  • Manzanilla, la reina de las infusiones, ayuda a la digestión, reduce la inflamación del estómago y favorece el descanso.


  • Menta o hierbabuena son excelentes contra los gases, las náuseas y la pesadez tras las comidas.


  • Jengibre, aunque es una raíz, se usa en infusión y es muy útil para reforzar las defensas y aliviar mareos.


  • Valeriana, más potente, se emplea como sedante natural en casos de insomnio persistente.


  • Diente de león es conocido por su efecto depurativo, apoyando el trabajo del hígado y los riñones.


Estas plantas suelen tomarse en forma de té, una o dos tazas al día, especialmente después de las comidas o antes de dormir, según el efecto que se busque.


Cada hierba, su método de preparación


No todas las plantas se preparan igual. Aquí está una de las claves de la herbolaria:


  • Infusión: ideal para hojas y flores como manzanilla, menta o tila. Se hierve el agua, se apaga el fuego, se añaden las hierbas y se tapa durante 5 a 10 minutos.


  • Decocción: indicada para raíces y partes duras como jengibre, valeriana o canela. Se hierven junto con el agua durante varios minutos para extraer bien sus propiedades.


  • Maceración: menos conocida, se usa con plantas sensibles al calor, dejándolas reposar en agua fría durante horas.


Un detalle importante: las hierbas secas son más concentradas que las frescas. Como regla general, basta una cucharadita de hierba seca por taza.


Precauciones que no debemos olvidar


Las hierbas contienen principios activos reales. Por eso:


  • No conviene superar 2 o 3 tazas al día.


  • Algunas pueden interactuar con medicamentos, sobre todo los del corazón, la presión arterial o los antidepresivos.


  • Mujeres embarazadas, personas con enfermedades crónicas o próximas a una cirugía deben consultar siempre antes de tomarlas.


  • No todas las hierbas son para beber: la caléndula o el aloe vera, por ejemplo, son excelentes para la piel en uso externo.


Además, existen plantas claramente peligrosas —como la adelfa, la belladona o la cicuta— que nunca deben usarse en casa, ni siquiera en infusión. Ante la duda, la mejor norma es no consumir una planta si no se conoce bien.


Calidad y sentido común

No es lo mismo una bolsita de té industrial que una planta a granel de un herbolario de confianza. La calidad, la frescura y el origen marcan la diferencia en eficacia y seguridad. También es buena idea empezar poco a poco y observar cómo responde el cuerpo.


Un consejo final

Las hierbas medicinales son una excelente medicina complementaria, pero no deben sustituir un tratamiento médico sin supervisión. Usadas con respeto y conocimiento, pueden mejorar nuestra calidad de vida y mantener viva una sabiduría tradicional muy valiosa.



Descargo de responsabilidad Esta información es puramente educativa y no sustituye el consejo médico profesional. Antes de iniciar cualquier tratamiento natural, consulte con su doctor, especialmente si está embarazada o bajo medicación.



Pequeños gestos diarios que cuidan desde dentro, sin promesas exageradas.




Porque comer también es sentir, recordar y cuidarse.





Esta lectura forma parte de la sección Bienestar, donde reflexionamos sobre cuidarnos mejor, escuchar el cuerpo y tomar decisiones con criterio y calma.

 
 
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