¿Cómo preguntar a una IA sin que la líe parda?

Hay una cosa que he aprendido desde que empecé a utilizar la inteligencia artificial, la IA no sabe lo que tenemos en la cabeza.
Parece una tontería, pero ahí empiezan muchos de los problemas.
Le pedimos que nos haga algo, esperamos que entienda exactamente lo que queremos y cuando la respuesta no se parece a lo que teníamos en mente, pensamos:
“Esta IA no se entera de nada.”
Bueno... a veces sí.
Pero otras veces el problema está en que no le hemos contado lo suficiente.
Me pasó preparando cosas para este mismo blog.
Yo tenía bastante claro lo que quería conseguir, pero no siempre se lo explicaba de la manera adecuada.
Le daba unas indicaciones, ella interpretaba otras, yo corregía, ella volvía a interpretar... y aquello podía acabar bastante lejos de donde yo quería.
Y también me pasó preparando una ruta por Londres.
La IA me hizo una ruta fantástica por el centro.
El pequeño detalle es que no le expliqué bien qué entendía yo por una ruta fantástica.
Terminamos haciendo más de 20.000 pasos.
Para un chaval de 20 años, posiblemente un día estupendo.
Para nosotras, los zapatos echaban humo.
La ruta no estaba mal.
La pregunta estaba incompleta.
Y ahí descubrí algo que sirve para prácticamente cualquier cosa que le pidamos a una IA:
No basta con decirle qué quieres.
También tienes que explicarle qué significa para ti hacerlo bien.
Y no hace falta aprender palabras raras ni convertirse en experto en tecnología.
Solo aprender a utilizarla.
1. Empieza por decir qué quieres conseguir
Muchas veces hacemos preguntas demasiado abiertas.
Por ejemplo:
“Quiero hacer el mejor pastel de manzana del mundo.”
Perfecto.
Pero ¿qué significa “el mejor”?
¿Muy jugoso?¿Poco dulce?¿Con mucha canela?¿Tradicional?¿Fácil de preparar?¿Para alguien que no tiene mucha experiencia?
La IA puede darte una receta estupenda, pero quizá no sea tu receta perfecta.
Podemos explicárselo mejor:
“Quiero hacer un pastel de manzana muy jugoso, no demasiado dulce y con bastante sabor a canela.
No tengo mucha experiencia haciendo repostería y quiero una receta sencilla.”
Ahora sabe mucho mejor qué estamos buscando.
La primera pregunta decía qué hacer.
La segunda explica qué queremos conseguir.
Y esa diferencia es enorme.
2. Si no sabes qué información necesita, haz que te pregunte
Este es uno de los trucos que más me gustan.
A veces sabemos perfectamente lo que queremos conseguir, pero no sabemos qué información necesita la IA para ayudarnos.
Pues que nos lo pregunte.
Por ejemplo:
“Quiero organizar un viaje de una semana.
Antes de recomendarme nada, hazme las preguntas que necesites para conocer mis expectativas, preferencias, presupuesto y limitaciones.”
En lugar de intentar adivinar qué datos son importantes, dejamos que la IA nos haga de entrevistadora.
Puede preguntarnos por el presupuesto, el ritmo del viaje, cuánto queremos caminar, qué nos gusta, qué queremos evitar, si vamos a conducir...
Y quizá aparezca una pregunta que nosotros ni siquiera habíamos pensado.
Esto sirve para casi cualquier cosa.ç
Para comprar un ordenador:
“Quiero comprar un ordenador. Antes de recomendarme modelos, pregúntame todo lo que necesites saber sobre el uso que voy a darle.”
Para escribir un artículo:
“Quiero escribir un artículo sobre este tema. Antes de empezar, hazme las preguntas necesarias para entender qué quiero contar.”
Para preparar una entrevista:
“Quiero preparar una entrevista de trabajo.
Antes de darme consejos, hazme las preguntas que necesites para conocer mi situación.”
No siempre tenemos que saber qué preguntarle a la IA.
También podemos pedirle que nos pregunte a nosotros.
3. Dale el contexto que pueda cambiar la respuesta
La misma pregunta puede necesitar respuestas completamente diferentes dependiendo de quién la haga.
No es lo mismo:
“¿Qué ejercicio puedo hacer?”
que:
“Quiero empezar a hacer ejercicio tres días por semana. Busco algo sencillo y no quiero una rutina complicada.”
El contexto cambia la respuesta.
Puede ser nuestra experiencia, el tiempo que tenemos, el presupuesto, para quién es la información, dónde estamos o cualquier circunstancia que pueda influir.
Pero tampoco hace falta contarle nuestra vida desde que nacimos.
Dale la información que pueda cambiar la respuesta.
4. Explícale cuáles son tus expectativas
Esto parece parecido al contexto, pero no es exactamente lo mismo.
Una cosa es contarle nuestra situación y otra decirle qué esperamos de la respuesta.
Por ejemplo:
“Quiero organizar un viaje, pero no quiero intentar verlo todo.
Prefiero viajar tranquilamente y disfrutar de los sitios aunque tenga que renunciar a algunas visitas.”
Eso cambia por completo el resultado.
O:
“Quiero una explicación sencilla.
No necesito todos los detalles técnicos, solo quiero entender cómo funciona.”
La IA puede saber muchísimo sobre un tema, pero no sabe automáticamente qué consideramos nosotros una buena respuesta.
5. Ponle límites
Aquí tenemos otro truco muy sencillo.
A veces pensamos que cuantos más datos, opciones o cosas incluya la IA, mejor.
Y no siempre.
Si queremos una receta rápida:
“No quiero que tarde más de 30 minutos.”
Si queremos recomendaciones:
“Dame solo cinco opciones.”
Si estamos preparando un texto:
“Quiero unas 800 palabras.”
Si estamos organizando un viaje:
“No quiero caminar más de 8 kilómetros al día.”
Los límites hacen que la respuesta sea mucho más realista.
La IA no puede saber dónde está nuestro límite si no se lo decimos.
6. Dile también lo que NO quieres
Nos preocupamos mucho por explicar lo que queremos y nos olvidamos de decir lo que queremos evitar.
Y también es información.
Por ejemplo:
“Quiero una receta de pastel de manzana, pero no quiero que quede demasiado dulce.”
O:
“Quiero un hotel tranquilo, pero no quiero estar aislada del centro.”
O:
“Quiero mejorar este texto, pero no quiero que cambies mi manera de escribir.”
También podemos decir:
“No inventes información. Si no estás seguro de un dato, dímelo.”
Decir lo que no quieres puede ser tan importante como decir lo que quieres.
7. Dale un ejemplo
Hay cosas que son difíciles de explicar con palabras.
Y entonces un ejemplo puede valer más que diez explicaciones.
Podemos decir:
“Quiero algo parecido a este ejemplo, pero aplicado a mi caso.”
Si queremos un determinado estilo de escritura, enseñarle un texto puede ser mucho más fácil que intentar describir exactamente cómo queremos que escriba.
Si queremos una receta con un determinado resultado, podemos enseñarle una que nos guste.
Si queremos una explicación sencilla, podemos darle un ejemplo del tipo de explicación que entendemos bien.
No se trata de que la copie.
Le estamos enseñando qué queremos decir cuando decimos “quiero algo así”.
8. Antes de empezar, comprueba que te ha entendido
Este truco es especialmente útil cuando la tarea es larga o importante.
Podemos decir:
“Antes de empezar, dime cómo has entendido mi petición.”
La IA nos explicará lo que cree que le estamos pidiendo.
Y ahí tenemos una oportunidad estupenda.
Si ha entendido bien, adelante.
Si ha entendido otra cosa, la corregimos antes de que se ponga a trabajar.
Es mucho más fácil decir:
“No, eso no es lo que quería. Quiero mantener X y cambiar Y.”
que recibir tres páginas de algo que no habíamos pedido.
9. Puedes conversar con ella, pero no pierdas el rumbo
Una de las ventajas de la IA es que no tenemos que acertar la pregunta perfecta a la primera.
Podemos empezar con una idea y después ir afinándola.
Por ejemplo:
“Quiero preparar un viaje a Australia.”
Después:
“Pero no quiero verlo todo.”
Después:
“Prefiero viajar despacio.”
Después:
“Y quiero evitar conducir demasiadas horas.”
Eso puede funcionar estupendamente.
Pero cuidado.
La IA puede ser demasiado servicial.
Empiezas hablando de aviones y termina recomendándote hoteles, excursiones, restaurantes, maletas, seguros, playas y, si la dejas, probablemente también te prepara el postre de la cena.
La conversación puede empezar a desviarse.
Si ocurre, podemos decir:
“Volvamos a la pregunta inicial.
Céntrate únicamente en el objetivo que te indiqué.”
O:
“No añadas recomendaciones que no estén relacionadas con mi pregunta.”
Y cuando una conversación ya se ha convertido en una mezcla de cinco temas diferentes, a veces lo mejor es empezar un chat nuevo.
Una conversación más larga no siempre es una conversación mejor.
10. No le entregues el trabajo: úsala para hacerlo mejor
Aquí creo que tenemos uno de los problemas importantes de esta nueva era.
La inteligencia artificial puede escribirte un currículum, preparar una presentación, hacerte un trabajo, redactarte una carta, organizarte un proyecto o incluso preparar las respuestas de una entrevista.
Y precisamente ahí está el peligro.
Que pueda hacerlo no significa que debamos dejar que lo haga todo.
Si le pedimos que haga un trabajo y lo entregamos sin leerlo, hemos ahorrado tiempo, sí.
Pero también hemos dejado de pensar, aprender y comprobar.
Y entonces ocurre algo bastante absurdo: utilizamos una herramienta para que haga nuestro trabajo, no revisamos el resultado y, cuando algo sale mal, culpamos a la IA.
La IA no debería sustituir nuestro criterio.
Debería ayudarnos a utilizarlo mejor.
Podemos utilizarla para:
darnos ideas cuando estamos bloqueados;
ordenar lo que tenemos en la cabeza;
revisar un texto que nosotros hemos escrito;
proponer otra estructura;
encontrar puntos débiles;
explicarnos algo que no entendemos;
plantearnos alternativas;
detectar posibles errores;
hacernos preguntas que no habíamos pensado;
quitarnos trabajo mecánico.
Pero después leemos, decidimos, corregimos y hacemos nuestro el resultado.
Un ejemplo muy sencillo
Queremos preparar una entrevista de trabajo.
Podemos pedirle:
“Hazme las preguntas que podrían hacerme en una entrevista para este puesto.”
Perfecto.
Después:
“Hazme una entrevista y dime dónde estoy flojo.”
También perfecto.
Pero si le decimos:
“Prepárame todas las respuestas y me las aprendo.”
Ahí ya tenemos un problema.
Porque el día de la entrevista la IA no estará sentada a nuestro lado.
Y si nos hacen una pregunta diferente de las que hemos memorizado, quizá descubramos que el problema no era que la IA no supiera contestar.
El problema es que nosotros no sabíamos contestar.
Esto vale para estudiar, trabajar, escribir, preparar una presentación o prácticamente cualquier otra cosa.
La IA puede hacer el trabajo por ti.
Pero si siempre dejas que lo haga, llegará un momento en que no sabrás hacerlo tú.
No necesitamos demonizar la tecnología.
Pero tampoco convertirla en una muleta para todo.
La IA es una herramienta de ayuda, no un sustituto de nuestra cabeza.
11. Si se equivoca, corrige el error concreto
No hace falta empezar desde cero cada vez que la IA mete la pata.
En lugar de:
“Está mal.”
Podemos decir:
“El punto 3 no es correcto.
Yo quiero X, no Y.
Mantén todo lo demás igual.”
Así sabe exactamente qué tiene que cambiar.
Y esto también forma parte de aprender a utilizarla.
No tenemos que enfadarnos porque se haya equivocado, pero tampoco tenemos que aceptar una respuesta incorrecta porque esté escrita con mucha seguridad.
12. Si algo es importante, compruébalo
Llegamos a una regla imprescindible.
Una IA puede ser muy útil y aun así equivocarse.
Puede darnos una fecha incorrecta, un precio desactualizado, un horario que ya ha cambiado, una dirección equivocada o un dato que parece perfectamente real y no lo es.
Por eso, si la información es importante, hay que comprobarla fuera de la IA.
Podemos hacerlo de varias maneras.
Preguntar a otra IA
Hacer la misma pregunta en otro sistema y comparar.
Si las respuestas son diferentes, tenemos una señal para investigar.
Pero cuidado:
Dos IA diciendo lo mismo tampoco significa que sea verdad.
Las dos pueden equivocarse.
Buscarlo en la web
Y, cuando sea posible, ir directamente a la fuente.
Buscar una página especializada
Dependiendo del tema, puede ser mucho más fiable consultar:
una web oficial;
un organismo público;
el fabricante;
una institución;
una publicación especializada;
la web oficial de un museo, transporte o destino;
una fuente profesional relacionada con el tema.
Cuanto más importante sea el dato, más importante es comprobarlo en una fuente adecuada.
Para elegir una receta quizá no necesitamos montar una investigación internacional.
Para una norma, una cantidad de dinero, una reserva, un horario, una cuestión legal o cualquier dato que pueda tener consecuencias, yo no me quedaría solamente con la respuesta de una IA.
13. El truco final: pregúntale qué se te ha escapado
Este puede ser uno de los trucos más útiles de todos.
Porque podemos esforzarnos mucho en darle contexto, expectativas, límites y ejemplos...
y seguir olvidándonos de algo.
Los humanos somos así.
Por eso, cuando terminemos de explicar lo que necesitamos, podemos preguntarle:
“¿Hay algo importante que no te haya contado y que pueda cambiar tu respuesta?”
O:
“¿Qué información te falta para poder responderme mejor?”
O, después de recibir la respuesta:
“¿Qué aspectos de esta respuesta debería revisar o comprobar antes de darla por buena?”
Estamos utilizando la IA no solamente para que nos responda, sino también para ayudarnos a descubrir lo que nosotros no habíamos tenido en cuenta.
Y esto sirve para casi todo.
Quizá queremos hacer un pastel de manzana y hemos olvidado decir que tenemos un horno pequeño.
Quizá queremos comprar un ordenador y no hemos contado que vamos a transportarlo todos los días.
Quizá queremos organizar un viaje y no hemos pensado en decir cuánto estamos dispuestos a caminar.
No siempre sabemos qué información nos falta.
Pero podemos preguntárselo.
🤖 La IA responde
¿Tengo que aprender a escribir instrucciones (promp) complicados?
No.
De hecho, si alguien te habla de “prompts” y te hace pensar que necesitas aprender un idioma nuevo para utilizar la IA, no te compliques la vida.
Lo importante es saber explicar qué quieres conseguir, aportar el contexto que pueda cambiar la respuesta y decir qué esperas.
Y si no sabes qué información necesita, puedes decir:
“Pregúntame lo que necesites saber antes de responder.”
¿Si le pregunto mal, la IA se enfada o me penaliza?
No.
Si la pregunta es demasiado abierta o le falta información, puede darte una respuesta que no encaje con lo que buscabas.
Simplemente puedes reformularla, añadir información o decirle qué ha entendido mal.
No hay que tener miedo a corregirla.
¿Cómo sé si lo que me ha dicho es verdad?
No puedes saberlo simplemente porque la respuesta suene convincente.
Si es un dato importante, compruébalo.
Puedes consultar otra IA, buscar el dato en internet y sobre todo, acudir a una fuente fiable o especializada.
¿Para qué sirve entonces preguntar a varias IA?
Para comparar.
Una puede explicarte algo de una manera que entiendas mejor.
Otra puede darte una opción que no habías considerado.
Y si las respuestas son muy diferentes, puede ser una señal para investigar más.
Pero comparar no sustituye comprobar.
¿Tengo que decirle absolutamente todo?
No.
No se trata de escribirle una novela cada vez que queramos hacer una pregunta.
Se trata de darle la información que pueda cambiar la respuesta.
Si preguntas por una receta, quizá importe si quieres que sea rápida, qué ingredientes tienes o si quieres evitar algo.
Pero no necesitas contarle tu vida desde que naciste.
¿Y cuál es el truco más importante?
Probablemente este:
Si no sabes qué información necesita la IA, haz que te pregunte. Y cuando termine de responder, pregúntale qué se te puede haber escapado.
Porque la buena pregunta no siempre es la que nosotros sabemos formular.
A veces la mejor pregunta es pedirle a la IA que nos ayude a encontrar la pregunta que todavía no sabemos hacer.
La IA tampoco es perfecta
A veces hablamos de la inteligencia artificial como si fuera una especie de cerebro electrónico que debería saberlo todo.
No funciona así.
Detrás de estos sistemas hay enormes cantidades de información y muchísimo trabajo humano.
Personas que crean datos, evalúan respuestas, detectan errores y ayudan a mejorar los modelos.
Y nosotros, como usuarios, también estamos aprendiendo continuamente qué funciona, qué no funciona y cómo podemos utilizar mejor estas herramientas.
Eso sí, una IA no necesariamente aprende de cada conversación en tiempo real ni convierte automáticamente cada error de un usuario en conocimiento para todos.
Depende del sistema y de cómo esté diseñado y entrenado.
Pero hay algo que sí podemos hacer nosotros y es aprender de nuestros propios errores al utilizarla.
Si le pedimos algo y nos responde mal, podemos preguntarnos:
¿Le faltaba información?
¿No le expliqué bien lo que esperaba?
¿No le puse una limitación importante?
¿Le di demasiadas cosas a la vez?
¿O simplemente se equivocó?
Esa última posibilidad siempre existe.
No esperar que sea infalible, sino aprender a trabajar con ella.
Nosotros ponemos la experiencia, el criterio, las preferencias y las decisiones.
La IA pone velocidad, ideas, capacidad para organizar información y otra manera de mirar un problema.
Y cuanto mejor aprendamos a trabajar con ella, más partido podremos sacarle.
La pequeña chuleta
Antes de pulsar “enviar”, piensa:
¿Qué quiero conseguir?
¿Qué necesita saber sobre mi situación?
¿Qué espero de la respuesta?
¿Qué límites tengo?
¿Qué quiero evitar?
¿Puedo darle un ejemplo?
¿Necesito que me haga preguntas antes de empezar?
¿Ha entendido realmente lo que le estoy pidiendo?
¿Estamos manteniendo la conversación centrada?
¿Tengo que comprobar algún dato antes de fiarme de él?
Y sobre todo, recuerda:
No tienes que aprender a hablar como una máquina.
Tienes que aprender a explicarle a la máquina qué necesitas.
Y si no sabes qué necesita saber...
haz que te pregunte a ti.
Conclusión
Al final, aprender a utilizar la IA no consiste en aprender palabras raras ni en saber escribir un prompt perfecto.
Consiste en aprender a explicarle a una herramienta lo que necesitas y, sobre todo, en no dejar de pensar mientras la utilizas.
Puedes pedirle que te dé ideas, que ordene lo que tienes en la cabeza, que revise un texto, que te proponga opciones o incluso que te haga preguntas antes de empezar.
Pero el trabajo sigue siendo tuyo, tú decides qué quieres conseguir, tú compruebas que la respuesta tenga sentido y tú decides qué te sirve y qué no.
Porque hay una tentación peligrosa: darle a la IA todo el trabajo y aceptar el resultado sin leerlo.
Y entonces, cuando algo sale mal, resulta muy fácil echarle la culpa a la máquina.
Pero si ni siquiera hemos revisado lo que nos ha preparado, quizá el problema no sea que la IA trabaje mal, sino que nosotros hemos dejado de trabajar.
La IA es una herramienta de ayuda, no un sustituto de nuestro criterio. Y cuanto mejor aprendamos a utilizarla, más útil será.
En resumen:
Explícale qué necesitas y dale el contexto que le falte.
Si no sabe algo, haz que te pregunte antes de que se lo invente.
Pon ejemplos cuando sea difícil explicar lo que buscas.
Divide los trabajos grandes y revisa cada parte.
No tengas miedo de corregirla y volver a preguntar.
Si el dato es importante, compruébalo en otra IA, en la web o en una fuente especializada.
Y, sobre todo, no dejes que la IA piense por ti. Haz que trabaje contigo.
Si crees que puede ayudar a alguien, compártelo.


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