Viajar después de los 60 no siempre es ilusión y aventura. A veces es miedo: a no seguir el ritmo, a ser una carga, a que el cuerpo falle o a enfrentarse a la soledad. En este artículo comparto una reflexión íntima y sin filtros sobre esos temores silenciosos y sobre cómo aprender a viajar —y a vivir— respetando nuestro propio ritmo, con dignidad, pausas y libertad.